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La teoría neomarxista de la dependencia (Segunda parte)

viernes, 1 de mayo de 2009

La teoría neomarxista de la dependencia (Segunda parte)

Para Dos Santos, por su parte, la causa del subdesarrollo es la dependencia, y por tanto sólo es posible el desarrollo mediante un cambio profundo tanto en las relaciones internas de los países dependientes como en las externas que mantienen con los centrales. Caracteriza la dependencia como factor interno históricamente determinado a través de sus diferentes formas históricas (la dependencia colonial, la financiero industrial y la tecnológico industrial actualmente vigente, marcada por el protagonismo de las empresas multinacionales que obliga a mantener un sector exportador para el pago de insumos industriales, la repatriación de beneficios y necesidad de financiación externa del desarrollo, el monopolio intelectual a través de las patentes y la subordinación de los gobiernos de la periferia y su estructura económica a este hecho).

Samir Amin, por su parte, interpreta la transición hacia el capitalismo en el centro como un proceso autocentrado (el excedente queda en la propia sociedad del centro), diferente del de la periferia (no autocentrado). En el proceso histórico de conformación del sistema capitalista, y con la búsqueda del beneficio como motor, se destruye el artesanado local y se produce la crisis de la agricultura tradicional en la periferia, que bloquean el desarrollo de las fuerzas productivas.

El neoestructuralismo latinoamericano (Tercera parte)

lunes, 20 de abril de 2009

El neoestructuralismo latinoamericano (Tercera parte)

La CEPAL ha continuado desarrollando las ideas que se apuntaba en el enfoque de la Transformación productiva con equidad a lo largo de los años noventa con desarrollos específicos.

  • En primer lugar, el desarrollo sostenible (CEPAL, 1991), planteando estrategias de educación ambiental, internalización de costes ambientales, evaluaciones sistemáticas del impacto ambiental, políticas activas de desarrollo sostenible como el reciclaje y las energías renovables, etc.
  • En segundo lugar la educación como eje de transformación (CEPAL, 1992) donde se pone de manifiesto la necesidad de la educación en la ciudadanía y en los valores, además de en la competitividad como pilar básico de la transformación con equidad.
  • En tercer lugar el enfoque integrado (CEPAL, 1992), planteando políticas económicas de crecimiento acompañadas de políticas sociales no asistenciales orientada a la inversión en capital humano y social.
  • En cuarto lugar los aspectos referidos a la población (CEPAL, 1993).
  • Por último, el regionalismo abierto (CEPAL, 1994), donde enfatiza la potencialidad de la integración regional en América Latina y el Caribe como medio de mejorar sustancialmente la inserción del continente en el contexto internacional.

El neoestructuralismo latinoamericano (Segunda parte)

domingo, 19 de abril de 2009

El neoestructuralismo latinoamericano (Segunda parte)

Las propuestas de la CEPAL se ven reforzadas y complementadas con el trabajo paralelo de Sunkel (1991), donde propone un modelo de desarrollo desde dentro. Plantea, desde este punto de vista, un proceso de industrialización en torno a un proceso endógeno de acumulación y de generación de progreso técnico donde el papel del Estado es decisivo más allá de sus funciones clásicas. Orienta el diagnóstico de los problemas hacia la oferta más que hacia la demanda, por lo que el papel del Estado debe ser reorientar y reforzar ésta, manteniendo los equilibrios macroeconómicos básicos, pero a un ritmo más moderado que el planteado desde el neoliberalismo, y acompañado de programas de alivio de la pobreza.

El papel del Estado es también activo en la orientación y puesta en marcha de políticas adecuadas adaptadas a la realidad de cada país: de transformación y modernización productiva (fomento de las exportaciones mediante la intervención selectiva); políticas agrícolas (precios de garantía, estímulo de la demanda interna, innovación tecnológica, servicios postcosecha, mercados de futuros y seguro agrario, etc.); políticas medioambientales (internalización de costes y políticas activas de valoración ambiental); políticas de tecnología e innovación (sistema de I+D y calidad en los productos) y políticas de fomento de la inversión.

El neoestructuralismo latinoamericano (Primera parte)

sábado, 18 de abril de 2009

El neoestructuralismo latinoamericano (Primera parte)

Recogiendo el testigo de las aportaciones anteriores, centradas en la interdependencia como oportunidad de desarrollo, se desarrolla en la última década (años noventa) una corriente de pensamiento en la CEPAL encabezada por Osvaldo Sunkel, que se resume en el documento publicado en 1990 Transformación productiva con equidad (CEPAL, 1990). Parte de un diagnóstico diferente al del Consenso de Washington, y en cierta medida supera al mismo, por cuanto asume gran parte de sus recomendaciones pero las supera.

A partir de los estudios de Fernando Fajnzybler (1990), en los que pone de manifiesto la no existencia de casos entre los países latinoamericanos de correspondencia entre crecimiento económico y equidad (lo que denomina el casillero vacío del desarrollo latinoamericano en referencia a la representación gráfica de los resultados del estudio), emerge el factor de la equidad como clave del desarrollo: la equidad favorece el crecimiento y refuerza la competitividad auténtica (no basada en la sobreexplotación de los recursos naturales o en bajos salarios).

La nueva concepción del desarrollo reflejada en la Transformación productiva con equidad gira en torno a crecer, mejorar la distribución del ingreso, consolidar la democratización, adquirir mayor autonomía, detener el deterioro ambiental y mejorar la calidad de vida de toda la población.

En cuanto a la transformación productiva, se pone énfasis en la competitividad vía progreso técnico y se introduce la necesidad de una aproximación integral al problema productivo (social, institucional, político, etc.); se incorpora asimismo la dimensión territorial y medioambiental. No es suficiente sólo con crear contextos macroeconómicos estables; son necesarios cambios institucionales y generar políticas sectoriales concertadas, acompañando de políticas redistributivas no asistenciales basadas en la formación de capital humano y la provisión de servicios.